Una casa pasiva de madera en los Alpes suizos

Hoy os traigo un ejemplo de casa pasiva de madera situada en una pequeña población de los Alpes suizos a más de 1500 metros de altitud.

Como ya sabéis soy una apasionada de las casas pasivas y en especial del sistema PassivHaus, un sello nacido en Alemania que certifica que nuestra casa gasta menos de 15Kwh/año o como dicen “una casa que gasta menos energía que un secador de pelo”.

Esta casa pasiva de madera está situada en la población suiza de Mostelberg y es obra de los arquitectos Diethelm & Spillmann, se trata de una casa pasiva que no sólo está certificada como PassivHaus, sino que tiene la peculiaridad de ser una de las primeras viviendas europeas que produce más energía de la que consume, lo que ya se conoce como PassivPlus y que será el futuro de la construcción residencial.

casa_pasiva_madera_09Suiza es un país que destaca a nivel europeo e internacional por la rigurosidad de su arquitectura. Los arquitectos suizos trabajan con gran atención los detalles constructivos consiguiendo una alta eficiencia energética en sus edificios.

A diferencia de nuestro país, donde el clima temperado nos permite construir con hormigón prácticamente durante todo el año, en Suiza las temperaturas no permiten el correcto fraguado del hormigón en los meses de invierno, por ello, se construye principalmente en madera, un tipo de construcción que se ha ido mejorando y tecnificando a lo largo de los años.

Es el caso de la casa pasiva de madera de la que os hablaré hoy, en la que los arquitectos han ideado un sistema constructivo propio para solucionar los problemas con los que se iban encontrando a lo largo del proceso de diseño.

Una casa con vistas al valle

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El terreno se encuentra en lo alto de un pequeño pueblo vacacional a los pies de una estación de esquí y goza de una espectacular vista sobre el valle.

El hecho de que se encuentre en un punto tan elevado conlleva disponer de un acceso complicado por lo que el transporte de materiales hasta el lugar de construcción debía simplificarse y no era posible transportar hasta el lugar grandes estructuras.

El propietario, un ingeniero informático que decidió fijar su residencia habitual en esta remota localidad, había comprobado personalmente mediante una cámara fijada a un globo, la altura a partir de la cual el terreno disponía de vista, por lo que la estancias principales de la vivienda debían emplazarse en la primera planta.

Por su parte, el ayuntamiento permitía tan sólo construcciones de dos plantas y por este motivo los bajos de la casa se reservaron para zona de garaje y almacenamiento, mientras que el resto de la vivienda se sitúa completamente en la planta primera.

Una estructura a medida para una casa pasiva de madera

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De esta forma obtenemos un programa de vivienda con una distribución algo desproporcionada, en la que la planta baja sólo requiere algunos metros, mientras que la planta primera ha de acomodar casi 200 m2 de vivienda.

En base a estas premisas, los arquitectos diseñan una caja de hormigón opaca en la planta baja sobre la que se apoya el resto de la vivienda en madera.

Debido a la imposibilidad de trasladar grandes vigas hasta el terreno, los arquitectos diseñan dos vigas de madera que se construyen in situ y que se emplazarán en cada uno de los laterales de la vivienda reposando sobre la base opaca de hormigón que contiene el garaje y el almacén.

Como las vigas laterales debían soportar todo el peso de la casa, éstas adquieren un gran grosor que es rellenado con aislamiento. Un gran aislamiento de los muros es la primera premisa para construir una casa pasiva.

El resto de fachadas son las que disponen de aberturas al exterior: la fachada principal abierta a la vista y la fachada posterior protegida por un patio que confiere intimidad a las habitaciones, siguiendo las indicaciones del propietario.

Una casa pasiva de madera que no necesita calefacción

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Las ventanas, por supuesto, siguen los estándares PassivHaus, por lo que se trata de ventanas de triple video aislado y carpintería con rotura de puente térmico, que evitan el escape del calor generado en el interior.

La instalación de este tipo de ventanas unidas al gran aislamiento de los muros convierte la casa en un elemento súper aislado y estanco en el que no entra frío ni sale calor. Como dicen en el instituto PassivHaus, tenemos una casa que funciona como un termo manteniendo la temperatura interior estable.

En este tipo de casas consiguen una temperatura interior de confort con un mínimo aporte de calor en cuyo cálculo hay que tener en cuenta las ganancias propias generadas por las personas y los electrodomésticos por lo que disponen de un reducido gasto energético en calefacción.

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La calefacción funciona mediante ventilación por recuperación de calor, el sistema más común en casas pasivas, ya que hay que tener en cuenta que hemos construido un termo cuyo correcto funcionamiento se basa en no intercambiar aire frio del exterior con el interior de forma directa.

La ventilación por recuperación de calor es otro de los elementos clave de una casa pasiva de madera PassivHaus, en la casa de Mostelberg, el intercambiador se sitúa en el sótano y a través de unos conductos se introduce aire fresco en el interior, cuya temperatura se eleva gracias a un intercambiador que aprovecha la temperatura del aire caliente saliente del interior para calentar el aire fresco entrante.

Una casa para un informático

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Uno de los mayores retos de diseño que afronta el arquitecto cuando recibe el encargo de construir una casa es conjugar a la perfección los requerimientos y necesidades del cliente con todas las premisas técnicas y legales que limitan su poder de decisión.

En esta casa, la peculiaridad de poder construir tan solo dos plantas según normativa, disponiendo de vistas tan solo en la planta primera es uno de los principales condicionantes de los que parte el proyecto.

Pero el diseño baraja también otros condicionantes como son las instrucciones y requerimientos del propietario que van a condicionar la distribución interior. En este caso, el propietario es un ingeniero informático que trabaja desde casa y que quiere dormir en una habitación oscura sin vistas al exterior. Por este motivo, los arquitectos deciden construir un patio de acceso en planta primera que queda protegido de las vistas y que es por donde ventilan las habitaciones.

Así, las estancias principales -salón, comedor y cocina-, se sitúan abiertas a la fachada principal con una espectacular vista sobre el valle.

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Por último, reinterpretando la normativa de construcción a su favor, Diethelm & Spillmann consiguen construir una tercera planta que sirve como despacho o habitación de invitados, aprovechando la pendiente de la cubierta y generando un doble espacio que confiere una gran calidad lumínica y arquitectónica a este espacio.

Sin duda este proyecto es un claro ejemplo de cómo es posible conjugar un buen diseño con eficiencia energética e innovación constructiva aprovechando los retos que plantea el hecho de construir en un terreno en pendiente, con poca vista y de difícil acceso.

Aquí os dejo algunos planos en detalle de la casa pasiva de madera Mostelberg que me han pasado desde el despacho de Diethelm & Spillmann:

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Imágenes por Roger Frei, Zurich

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